Vuelo comercial a Tijuana. Fila 14. Un chavo de 17 años con sudadera gris y mochila, como cualquier estudiante que vuelve a casa.
Pero no era cualquier estudiante.
Era Gilberto Mora. El niño que acababa de jugarse un MUNDIAL con la del Tri.
Y cuando los pasajeros lo reconocieron, pasó esto: aplausos. Todo el avión. Señoras tocándole el brazo como a un nieto, celulares grabando, y un niño con la camiseta verde parado en el asiento aplaudiéndole al que quiere ser de grande.
¿Y Mora? La mano en el pecho y la cabeza agachada. A los 17 años ya entendió lo que a muchos famosos no les alcanza la vida para entender: la grandeza se carga con humildad.
No ganamos la Copa. Pero este niño nos tiene volando más alto que ese avión.











